¡¡¡SALVEMOS LOS DOLMENES!!!

Desde los años setenta se vienen denunciando en medios escritos algunos hechos que atentan contra el patrimonio cultural e histórico de Navarra, concretamente contra el conjunto de dólmenes, monumentos megalíticos frecuentes en nuestros montes, que en los últimos años están pasando a ser mero recuerdo de quien tuvo conocimiento de ellos.

Es el caso de lo que fueron, entre otros, el dolmen de Aikoa en Imirizaldu, el dolmen de Otegi en Espinal, el dolmen de Arriurdin en Mezkiriz, los dólmenes de Auzaldia en Beunza, el dolmen del monte Lindux y, el mas reciente, el dólmen de Arranazpieta en Aralar. Ampliar los terrenos de cultivo, de pastos o de bosques ha sido el motivo aparente para acabar con ellos. Su estado de conservación no era como los de Arrako, Artajona, Arzabal, etc. pero eran, igual que éstos, puntos de referencia de nuestra cultura y paisaje milenarios.

Es cierto que la naturaleza también actúa contra estos monumentos. Son muchos los dólmenes deteriorados y destruidos en el tiempo por las fuerzas de la naturaleza. La vegetación que crece en torno a ellos ha desfigurado y destruido muchos dólmenes. Pero ésto no es razón para acabar con ellos de forma contundente y rápida. Sería, por el contrario, mucho más loable un plan de accion para preservarlos, incluso de los imponderables naturales

 

Las losas del dolmen de Aikoa I, esparcidas junto a la orilla del río Areta

¿Por qué destruimos los dólmenes? La respuesta que todo el mundo da al respecto es la ignorancia de quienes de forma directa se convierten en sus agresores. Pero, si profundizamos en estos hechos encontraremos otras razones.

En primer lugar, observamos que el destino del terreno ocupado por estos dólmenes ha sido el cultivo agrícola, la pradera o la reforestación de bosques, actividades anteriores a la destrucción de los dólmenes y que en la mayoría de los casos coexisten sin ninguna dificultad. Entonces, seguimos preguntando, ¿por qué se destruyen ahora y no lo hicieron antes, cuando la gente era tan ignorante o más que ahora?

1992. Cámara del dolmen de Auzaldia 2000.Dolmen de Auzaldia convertido en pradera

Aproximadamente hasta la década de los años cincuenta y sesenta, para sembrar un campo, crear una pradera o reforestar un monte había que hacerlo con fuerza de trabajo animal y humana. Si en el campo de labor, en el prado o en el monte a reforestar había un dolmen, se hacía imposible mover las losas de la cámara y el túmulo con los medios disponibles. Por lo tanto coexistían dolmen y campo, prado o bosque sin problema alguno. Y así a lo largo de milenios hasta nuestros días.

Pero llegó la máquina, instrumento de trabajo todopoderoso, creado y manejado por el hombre. Y de la misma forma que la máquina ha contribuido a que las condiciones de vida y de trabajo en el campo sean más dignas y confortables, también está siendo muy alto el precio que está pagando la naturaleza y, en consecuencia la propia humanidad, que contempla cada vez más degenerado el medio ambiente natural en el que vive.

Dolmen de Lindux III (1993)

Dolmen de Lindux III (2000)

Y la máquina sí puede con los dólmenes. Desde el momento en que se inció su utilización para labores agrícolas y forestales, aquellos monumentos que se encontraban ubicados en las proximidades de los lugares de labor comenzaron a correr peligro de destrucción. Y así ha sido. El dolmen de Aikoa y el de Otegi contemplaron durante siglos cómo araban, sembraban y cosechaban los campos que estaban en derredor suya. Los dólmenes de Arriurdin, Auzaldia y de Lindux fueron testigos durante siglos de labores de pastoreo, de plantación y tala de árboles. Ninguno de ellos sospechó que, tras su existencia por tanto tiempo junto al hombre, su final estaría marcado por la actividad que el hombre ejercía en torno a ellos.

Han sido muchos los hombres y mujeres que a lo largo de los siglos han contemplado los dólmenes de Aikoa, de Arriurdin, de Otegi, de Lindux y de Auzaldia mientras cultivaban sus campos, cuidaban sus rebaños o trabajaban en sus bosques. Seguramente que muchas veces han descansando sobre sus losas, preguntándose por el sentido y significado de éstas.

 

Restos del dolmen de Arriurdin, hoy convertido en predera

Restos del túmulo del dolmen de Otegi

Restos de la cámara del dolmen de Otegi

Mención especial merece el dolmen de Arranazpieta, ubicado junto al camino que desde la carretera de Baraibar asciende al valle de Ata en Aralar. Este no ha sido destruido, sino saqueado. Alguien, con una máquina, se ha preocupado de extraer las losas de la cámara, destruyéndola totalmente, y abandonarlas en un lado del túmulo. ¿Para qué? Sólamente su autor lo sabrá.

Dolmen de Arranazpieta(1995) Dolmen de Arranazpieta (2000)

Debemos incrementar, pues, el ámbito de información y control sobre estos monumentos. Información para que, generalizando su conocimiento, se eviten las actuaciones inconscientes que puedan deteriorarlos. Control para que, mediante un plan de acción y vigilancia, podamos, no sólo conocerlos, sino mejorar su estado y conservación.

Sería interesante en este sentido que el Departamento de Cultura del Gobierno de Navarra tomara iniciativas en dos sentidos. En primer lugar, en divulgar lo más posibles la existencia y ubicación de estos monumentos, como es el caso de los dólmenes de Artajona o Etxarri Aranaz: paneles informativos, señalizaciones, etc. En segundo lugar, en delegar en los respectivos ayuntamientos y concejos el mantenimiento, conservación y vigilancia de los dólmenes. Podrían ser actuaciones que evitarían situaciones como las descritas. Podrían ser contribuciones importantes para salvar los dólmenes.